En distintas comunidades del país pedir calaverita conserva tradiciones que incluyen canciones, rezos y la entrega de frutas, tamales, pan de muerto y otros alimentos típicos de la temporada.
Con la llegada de las celebraciones de Día de Muertos, niñas y niños de diferentes estados de México se preparan para salir a las calles a pedir su tradicional calaverita, una costumbre que, aunque se practica en gran parte del territorio nacional, presenta diferencias en las frases, los cantos y los obsequios que se reciben.
Mientras que en las grandes ciudades es común escuchar el tradicional “¿Me da mi calaverita?” y recibir dulces, chocolates o algunas monedas, en distintas comunidades todavía se conservan prácticas que incluyen canciones populares, rezos frente a las ofrendas y la entrega de alimentos preparados especialmente para estas fechas.
En Zacatecas, una de las expresiones populares es “El muerto pide camote, si no le dan se le cae el bigote”, verso que forma parte de las canciones que entonan algunos grupos de menores mientras recorren las viviendas de sus comunidades. En la actualidad, los obsequios suelen consistir principalmente en dulces y golosinas.
Por su parte, en algunas localidades de Puebla se conservan cantos de agradecimiento que acompañan los recorridos infantiles. Entre ellos destaca la expresión “Ya se va la calavera, muy agradecida”, utilizada después de recibir los obsequios que ofrecen las familias.
En la Ciudad de México, particularmente en San Andrés Mixquic, alcaldía Tláhuac, existe una tradición conocida como los campaneros, en la que grupos de personas recorren las calles tocando campanas y solicitan permiso para rezar frente a las ofrendas dedicadas a los difuntos.
Como muestra de agradecimiento, los habitantes suelen compartir alimentos como pan de muerto, frutas, tamales y dulces, manteniendo una relación directa entre la petición de calaverita y las celebraciones religiosas y familiares de la temporada.
Otra variante se encuentra en comunidades de Xochimilco, donde antiguamente los menores utilizaban chilacayotes ahuecados, decorados con rostros e iluminados con velas, para recorrer las calles durante la noche. En estos lugares también se acostumbraba recibir mandarinas, pan de muerto, tamales y otros alimentos.
En el Estado de México, particularmente en localidades como Xonacatlán, se recuerda una práctica similar, en la que las niñas y los niños llevaban chilacayotes tallados y visitaban los hogares para recibir frutas, pan, dulces o pequeñas cantidades de dinero.
Esta costumbre también se ha documentado en comunidades de Morelos, donde los frutos decorados formaban parte de los recorridos infantiles durante los primeros días de noviembre.
En Jalisco existen testimonios de una antigua tradición en la que los menores pedían calabaza mediante el siguiente llamado: “¡Ánimas de esta casa, que salga la calabaza!”. En algunas localidades, después de rezar frente a los retratos de los difuntos, recibían calabaza cocida con piloncillo y leche, un alimento característico de la temporada.
Mientras tanto, en la Huasteca Potosina, durante las celebraciones del Xantolo, algunas comunidades conservan la costumbre de pedir chichiliques, nombre que reciben los alimentos y obsequios compartidos durante estas festividades, entre los que se encuentran tamales, pan, mandarinas y dulce de calabaza.
En Chiapas también existen referencias a la tradición de pedir calabacita, una variante regional de los recorridos infantiles que se realizan durante las celebraciones de noviembre.

Aunque las expresiones cambian entre estados e incluso entre municipios de una misma entidad, la costumbre de pedir calaverita tiene como elemento común la convivencia entre vecinos y la participación de las nuevas generaciones en las festividades de Día de Muertos.
De acuerdo con registros culturales, antiguamente era común que los menores recibieran alimentos provenientes de las ofrendas familiares, mientras que con el paso del tiempo comenzaron a incorporarse dulces industrializados, chocolates y otros productos comerciales.
Actualmente, las fechas para pedir calaverita también presentan diferencias, pues mientras algunas familias acostumbran salir el 31 de octubre, otras mantienen los recorridos durante el 1 y 2 de noviembre, dependiendo de las tradiciones locales.
Pese a estas transformaciones, pedir calaverita continúa siendo una de las expresiones populares que acompañan al Día de Muertos en México, una celebración en la que conviven las costumbres heredadas de generaciones anteriores con nuevas formas de participación infantil.
Así, desde los versos zacatecanos hasta los recorridos con chilacayotes en el centro del país, la tradición demuestra que en México no existe una sola manera de pedir calaverita, sino múltiples expresiones que forman parte de la riqueza cultural de sus comunidades.
