Las variedades comerciales de cempasúchil ganan presencia en viveros y supermercados, mientras especialistas advierten sobre la dependencia de semillas importadas y el riesgo de perder diversidad genética.
Cada año, cuando se acerca el Día de Muertos, los campos, mercados y hogares mexicanos se llenan de tonos amarillos y anaranjados gracias al cempasúchil, una flor que durante generaciones ha formado parte de las ofrendas dedicadas a los seres queridos que han fallecido.
Sin embargo, detrás de esta tradición existe una transformación en la producción y comercialización de la planta que ha despertado preocupación entre agricultores y especialistas: la creciente presencia de variedades híbridas, conocidas popularmente como cempasúchil chino, frente a las variedades tradicionales cultivadas en México.
Aunque ambas comparten un origen botánico vinculado con nuestro país, sus características comerciales y métodos de producción son diferentes. Esta situación ha abierto un debate sobre el futuro de las semillas nativas, la economía de los floricultores y la conservación de la diversidad genética del cempasúchil.
¿Cuál es la diferencia entre el cempasúchil mexicano y el llamado chino?
El cempasúchil, cuyo nombre científico más conocido es Tagetes erecta, es una planta originaria de México y otras regiones de América. Su nombre proviene del náhuatl cempohualxóchitl, que suele interpretarse como “flor de veinte pétalos” o “flor de muchas flores”.
En México se han cultivado durante generaciones variedades regionales que suelen caracterizarse por sus tallos largos, flores grandes y aroma intenso, especialmente utilizadas para elaborar arreglos, decorar altares y cubrir caminos durante las celebraciones de Día de Muertos.
Por otro lado, las variedades comerciales híbridas suelen producir plantas más compactas, con flores uniformes y una presentación que facilita su venta en macetas.
Estas características las han convertido en una opción frecuente para viveros, supermercados y establecimientos comerciales que buscan ofrecer plantas ornamentales de fácil transporte y manejo.
Sin embargo, el Instituto de Ecología (INECOL) ha aclarado que no existe una especie botánica denominada cempasúchil chino. El término se utiliza popularmente para referirse a variedades desarrolladas comercialmente, algunas mediante procesos de mejoramiento vegetal realizados en otros países.
Esto significa que una planta vendida en maceta no necesariamente fue importada de China. Muchas son cultivadas por productores mexicanos que utilizan semillas comerciales, mientras que otras provienen de materiales genéticos seleccionados fuera del país.
Además, las variedades híbridas no son automáticamente transgénicas, ya que pueden obtenerse mediante cruzamientos convencionales entre plantas.

La competencia comercial pone a prueba a los productores tradicionales
Uno de los principales desafíos se encuentra en los cambios en las preferencias de compra.
Mientras el cempasúchil tradicional suele comercializarse en grandes manojos para decorar altares, panteones y espacios públicos, las variedades híbridas ofrecen plantas compactas que pueden venderse individualmente en macetas.
Su tamaño, uniformidad y presentación resultan atractivos para algunos consumidores y establecimientos comerciales, especialmente aquellos que buscan productos fáciles de almacenar, transportar y exhibir.
Esto puede generar competencia para los agricultores que producen variedades tradicionales, particularmente cuando ambos tipos de flores se comercializan durante la misma temporada.
No obstante, especialistas señalan que los mercados no son completamente equivalentes, ya que las flores de corte y las plantas ornamentales en maceta también responden a necesidades distintas.
Además, una parte importante de las plantas híbridas que se venden en México también es cultivada por agricultores nacionales, quienes encuentran en este mercado una fuente de ingresos.

Semillas importadas y dependencia de proveedores extranjeros
Otra preocupación está relacionada con la procedencia de las semillas utilizadas para producir las variedades comerciales.
Muchas de las plantas híbridas que se venden en maceta provienen de semillas desarrolladas por empresas especializadas en mejoramiento vegetal, algunas de ellas ubicadas fuera de México.
A diferencia de diversos sistemas tradicionales de cultivo, en los que los agricultores seleccionan y conservan semillas de sus propias cosechas, los híbridos comerciales pueden requerir la adquisición de nuevas semillas para mantener características como el tamaño, la uniformidad y la floración.
Esto sucede porque las semillas obtenidas de plantas híbridas no necesariamente reproducen de manera uniforme las características de sus progenitores. En consecuencia, los productores que dependen de determinados híbridos pueden necesitar comprar material de siembra cada temporada. Esta situación representa un desafío para la autonomía productiva, pues los costos y la disponibilidad de semillas pueden depender de proveedores externos.
Sin embargo, el uso de semillas comerciales también puede ofrecer ventajas, como una mayor uniformidad en la producción y características específicas que facilitan su comercialización.
El reto consiste en evitar que estas ventajas económicas provoquen el abandono de los materiales regionales que forman parte del patrimonio agrícola mexicano.

¿Podría desaparecer el cempasúchil tradicional?
Especialistas del Instituto de Ecología han advertido que la sustitución de variedades regionales por materiales comerciales puede representar un riesgo para la conservación de la diversidad genética.
Cuando los agricultores dejan de sembrar determinadas variedades locales, también disminuyen las oportunidades de conservar, seleccionar e intercambiar sus semillas. A largo plazo, este proceso puede provocar que ciertos materiales genéticos pierdan presencia en los campos de cultivo, especialmente si no existen mecanismos de conservación.
La diversidad genética es importante porque permite contar con plantas que presentan distintas características de adaptación a las condiciones ambientales, resistencia a factores de estrés y comportamiento productivo. No obstante, esto no significa que el cempasúchil tradicional esté desapareciendo de manera generalizada.
Las variedades regionales continúan cultivándose en diferentes zonas del país, y la información disponible no permite atribuir una eventual reducción de la producción nacional exclusivamente a la expansión de los híbridos.
La conservación de estas plantas depende también de factores como la rentabilidad de los cultivos, los costos de producción, la disponibilidad de agua, el relevo generacional y el acceso de los agricultores a los mercados.

Proteger las semillas nativas sin perjudicar a los floricultores
Frente a este panorama, especialistas consideran importante fortalecer la conservación de semillas regionales y promover alternativas que permitan a los agricultores mantener sus variedades tradicionales.
Entre las posibles medidas se encuentran la creación y fortalecimiento de bancos comunitarios de semillas, el apoyo a proyectos de mejoramiento vegetal desarrollados en México y la apertura de canales de comercialización directa para pequeños productores.
También resulta relevante que los consumidores puedan conocer el origen y las características de las flores que adquieren, especialmente cuando desean apoyar a agricultores que conservan variedades regionales.
Esto se debe a que numerosos productores mexicanos cultivan variedades híbridas y dependen de su venta durante la temporada.
Por lo tanto, el debate no debe reducirse a una confrontación entre flores mexicanas y extranjeras, sino enfocarse en las condiciones de producción, la procedencia de las semillas y la preservación de la diversidad agrícola.

Una tradición que también necesita conservar sus raíces
El cempasúchil es mucho más que un producto ornamental. Su presencia en los altares representa una tradición cultural que ha pasado de generación en generación y que mantiene una estrecha relación con el trabajo de las comunidades agrícolas.
La expansión de las variedades comerciales demuestra cómo la producción de esta flor se adapta a nuevas necesidades del mercado, pero también plantea preguntas sobre la conservación de las semillas que históricamente han utilizado los agricultores mexicanos.
De cara al Día de Muertos, conocer estas diferencias puede ayudar a los consumidores a tomar decisiones informadas y reconocer el trabajo de quienes mantienen viva esta tradición.
Porque proteger el cempasúchil mexicano no significa rechazar todas las variedades híbridas, sino procurar que la modernización de su cultivo no implique perder la diversidad de semillas, los conocimientos agrícolas y las prácticas comunitarias que forman parte de su historia.
